Two
Novels For The Price OF NONE
En
algún lugar del Japón, sometime in
summertime...
Entre
Julio del
2006 y
Enero del 2007 tuve el disparatado placer de escribir poco a poco una
novelita
sobre Japón, su sociedad y su cotidianeidad, y de paso,
sobre mi
experiencia en
aquel país. La salida de aquellos cuadernos que fui juntando
con
el tiempo, bañados en litros y litros de café y
té
(y sucedáneos de zumos de manzana), casi apestando a humo de
tabaco mentolado, no era nada fácil. Hoy, a 31 de Julio de
2008
el asunto es más sencillo. Yo prácticamente ya me
he
deshecho del cordoncito umbilical que me ha unido todos estos meses a
esos papeles. Mi responsabilidad ahora recae en la tarea de dar a
conocer a la criatura. ¿Recuerdan aquella
película de
Larry Cohen "It´s Alive!"?
Ello no
hubiera sido posible sin
la ayuda de mi
correctora particular, y de esos amigos que han sabido ver y comprender
el tono, ritmo y lenguaje de la obra en sus primeros pasos, antes de
ser lanzada al mundo desde aquí.
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provisional de compra (a 16 de Octubre de 2010):
Comprar
Aquí dejo unos retazos de todo ello.
¡Anímense!
- Le hemos
dejado tú y yo al
paciente más o menos vestido o desnudo, y sólo
él sabrá si aseado o no; lo importante es que ya
está bien instalado en su mullido sofá de
plástico, dispuesto a contemplar las
caleidoscópicas paredes del hábitat que le
corresponde en su papel de tarado en esta sociedad en la que vivimos.
¿No nos falta algo importante? Habrá que
alimentarlo, ¿no? Para ello existe un brillante equipo de
cocineros, lavaplatos y camareras al servicio de la demencia. Todos
ellos contratados temporalmente. Sin posibilidad de renovar. Equipo que
se aloja en el mismo hospital, como prácticamente el resto
del personal japonés. Los primeros, se dedican a ser
pioneros en la elaboración de nuevas recetas, cada vez
más sencillas y con menos variaciones en sabores y texturas;
los segundos, se esfuerzan grandemente en lavar la mayor cantidad de
platos, vasos y cubertería de Gomi en el menor tiempo
posible (se baten los records entre ellos cada día que pasa
de los nueve meses que trabajan en el hospital, volviéndose
a disparar la duración de la tarea cuando se renueva al
personal); con las terceras, ocurre lo contrario en términos
temporales: si bien al principio son capaces de dejar las bandejas de
comida delante de la puerta de cada habitación (no se les
está permitido entrar en ellas por razones evidentes) en
unos prometidos treinta minutos o menos, cuando están cerca
de la finalización de su contrato, el paciente
debería pedir el desayuno del día siguiente en el
momento de la cena de hoy, al menos un vaso de leche caliente. Te
puedes imaginar que si les cuesta llevar las bandejas hasta las
habitaciones, más el devolverlas a las cocinas. El
equilibrio de horarios que mantienen los dos primeros grupos de
trabajadores, sólo lo sabrán ellos; del de las
camareras, a las que a la fuerza a veces se les ve arrastrarse o
corretear (cuando corretean desde luego que no llevan una bandeja
consigo) me gustaría saber más detalles; al menos
si están disponibles también para el personal
extranjero. No lo se a ciencia cierta, porque nunca he hablado con
ninguna de ellas.
- Hice
avances. A los días, conseguí encontrar un
edificio lleno de maquetas de todo tipo. De repente, no era
difícil dar con un Skyline. Lo era el elegir entre toda la
variedad de modelos. De todas las obsesiones concretas que tienen los
japoneses, es en las secciones de figuras y muñecos donde se
puede comprobar con más rapidez su fanatismo llevado
más allá de lo racional. Multitud de vitrinas
expositoras en las que se pueden ver colecciones enteras dedicadas a
personajes concretos. No parece que importe el tamaño o el
material; lo que hace variar los precios, a veces totalmente
desorbitados, debe ser la limitación en la
producción de determinadas series. Que una simple figura de
plástico de Ultraman o de Godzilla se fabrique por miles de
unidades es lo que la hace venderse por una cantidad de dinero
razonable; después, los mismos fabricantes lanzan al mercado
unos pocos cientos de unidades de la misma figura, pero con un
pequeño cambio de color, o de movimiento de extremidades,
con un precio de venta que puede ser diez o veinte veces superior;
repiten el proceso, fabricando quizás unas pocas unidades de
una serie más limitada todavía, y esta vez, se
añaden dos ceros más al precio de base. Todo
indica que existe una demanda que exige esta oferta.
Saliendo del inocente mundo del muñeco y de la figura,
podemos entrar en el de la informática, la
pornografía, la gastronomía, las bebidas, los
automóviles, la ropa y sus complementos, los servicios de
relajación y placer sexual, el deporte, la
decoración, los viajes, el tabaco y en un
larguísimo etcétera que no tiene
límite. La cantidad de dinero que mueven los japoneses en el
nombre de la originalidad y la exclusividad debe ser
astronómica, incalculable.
- Difícilmente
un extranjero se puede dar cuenta del hecho real de que en la ciudad en
la que vive, existen barrios asignados según castas
sociales. El comportamiento general de todos los ciudadanos es tan
parecido a primera vista, que ni los mismos habitantes nacidos en esta
ciudad llegan a saber en realidad porqué viven donde viven.
Si bien la movilidad de domicilios en una gran ciudad como O., Yokohama
o Tokio puede ser muy alta, de alguna manera inexplicable cada
ciudadano sabe en qué barrios puede encajar y en
cuáles no, según su identidad social;
cuáles incluso no llegará a visitar en su vida.
Hablo tan solo de la movilidad física. Ni que decir tiene
que si aplicamos este concepto de movilidad a las
interrelaciones personales y laborales, las posibilidades de
encontrarse con obstáculos y señales de
¡Stop! por todas partes se multiplican.
- Quizás
pienses que beber alcohol en un bar no es la mejor estrategia para
intentar echar abajo barreras de comunicación. Prueba a
hacerlo en una biblioteca, en un supermercado, o con el mismo personal
del hospital, y verás lo que consigues. Japonés
relajado y algo comunicativo es japonés borracho. Porque si
no lo está, no está relajado ni comunicativo, dos
factores que tienen que ir de la mano. O está dormido, o
trabajando, o pasando el rato en actividades en teoría
relajantes, nada humanamente comunicativas, como son el jugar al golf o
al pachinko (clase de máquinas tragaperras), el hojear
revistas en un konbini, el visionar material pornográfico,
el conducir en la soledad, o el bañarse tres veces al
día.
Cita En Tardor:
¡Tienen Que Ser Ellos!
1Abril2009
Ahora
bien, en
menos de dos
meses, del 17 de Octubre del 2008 hasta
comienzos de Diciembre llevé a cabo un nuevo plan literario.
Algo que tiene mucho que ver con la anterior novela, pero a la vez es
muy diferente. Tecnología, información,
libertarismo vs totalitarismo. Diálogo.
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provisional de compra (a 16 de Octubre de 2010):
Comprar
- Mientras
repasaba de nuevo las palabras enviadas por su virtual jefe,
Pedro llegó al portal donde debía entrar. Piso
quinto y último. Parecía simple rutina; ya
había visitado antes el mismo lugar. El resto de los pisos
parecían estar deshabitados, sin embargo seguramente
ocupados por la gente de la red IVG. Esos no llevan bandas ni carnets.
Según subía por las escaleras, Pedro
escuchó voces que procedían del rellano de
algún piso superior, que se disolvieron en el silencio poco
a poco. Cuando llegó al tercero, vio que en el suelo estaban
sentadas dos niñas jugando con una vieja baraja
española de cartas. Las puertas de las viviendas estaban
cerradas. Pedro se dignó a saludarlas con una leve
inclinación, pero ellas actuaron como si no existiera,
manteniendo el silencio. Llegó al quinto y llamó
al timbre, ajustándose la banda en la camiseta.
Comenzó a escuchar de nuevo voces abajo. Le abrió
una señora, que emanaba un fuerte olor a permanente o algo
parecido; emanación industrial que siempre había
odiado. Su pelo parecía recién teñido,
y se lo tenía que haber hecho ella misma; las
peluquerías habían desaparecido
también de Tardor.
- -
Contigo puedo hablar claro, pero no con un pueblo entero. Yo solo no
puedo comunicar un estado de conciencia concreto a más de
cien personas sin el uso de la palabra, ¿me entiendes?
…
- -
Urbina no contestó, y Rivolta siguió hablando -
No, no puedo. Porque la palabra se convierte automáticamente
en comentario, en opinión, o peor, en sugerencia o en orden
a ser tomada en cuenta de forma seria y tajante. El dejarse llevar es
algo que no se puede ni siquiera mencionar. Porque las interpretaciones
iban a ser de lo más variopintas. No es un permiso para que
se pueda hacer lo que a uno le venga en gana; más bien, al
contrario; se trataría de que todos intentasen centrarse en
su tarea, de que aportasen su granito de arena, sin un
análisis concreto. En resumen, llegar a un dinamismo
completo sin ser consciente de él. Complicado, Urbina, muy
complicado.
- Le
preocupaba sobre todo el primer contacto con la urbe.
Necesitaría más dinero del que entonces
poseía, los ahorros provenientes de su anterior vida. Se
daba cuenta de que había perdido ciertas facultades sociales
que le iban a ser básicas. Era un sentimiento molesto, como
el inicio de un dolor de muelas, que se sabe que va a ir a
más. No tenía amigos fuera de Tardor, o casi;
estaba Lisa en Valencia, o podría contactar con la amiga de
Carolina en Madrid. Si pedía ayuda antes de irse, se
sabría de su escapada. Y quería desaparecer sin
hacer ruido. Más tarde ya escribiría un mensaje
esclarecedor a Carolina; y a partir de ésta, se
enteraría el resto del pueblo. Debía encontrar un
alojamiento; tendría que cortar de raíz la
hemorragia de dinero que le iba a suponer el alojarse los primeros
días en una pensión o albergue. No
tenía por qué elegir una gran ciudad;
representaría más gastos. Acostumbrado al clima
de Tardor, tampoco barajaba el alejarse mucho del sur. Hay que empezar
cerca de aquí. Decidió que en principio bien
podría llegarse hasta Granada, ciudad particularmente
acogedora, libre de una serie de prejuicios existentes en otros lugares
más conservadores.